Jesús Ortega, Miguel Ángel Arcas y Ginés Cutillas, Madrid, 2012

En mayo de 2006 formé parte, junto con Miguel Ángel Arcas, del comité de lectura del concurso de microrrelatos de la Feria del Libro de Granada. De los ciento y pico presentados debíamos segregar una veintena para el jurado. En el cesto de los rechazados agonizaban de muertes horribles decenas de microrrelatos que no habían podido pasar las cribas. En esas aparecieron unas piezas firmadas por un tal Holden Caulfield. Fue Arcas el primero que las vio. Eran tres. No hubo manera de tirarlas al cesto. Pasaron las horas y las lecturas, cada nueva escabechina era más implacable y sangrienta que la anterior, pero el tal Holden Caulfield siempre lograba salvar el pellejo. Al contrario que esos larguísimos fárragos de cinco líneas que tanto abundan en los concursos, aquellas tres historias –la del koala, la del dictador y su secreto y la de la habitación aleatoria– eran veloces y bienhumoradas, pura sustancia narrativa. Quienquiera que fuese su autor –no sé por qué, yo estaba convencido de que detrás había un autor y no una autora–, tenía inventiva y manejaba con soltura las escurridizas artes de narrar. Días más tarde los miembros del jurado –entre los que se encontraba, por cierto, Ángel Olgoso– validaron nuestra apreciación y decidieron multipremiar a Holden Caulfield, que resultó ser un tal Ginés S. Cutillas, de Valencia. Y fue en la entrega de premios cuando apareció por fin este señor de barba y hueso que tengo a mi lado, entonces un completo desconocido, para certificar que aquel nombre tan sonoro –Ginés S. Cutillas– no era otro seudónimo, sino su nombre real.

[…]

[Publicado en Spejismos el 26 de abril de 2010]

[Texto completo]